Inicio - proyecto pervivencia maya  - colaboradores

 
          Agenda - Mundo maya - Enclaves arqueológicos  - Protagonistas - Exposiciones - imágenes y otras descargas - Los mayas de hoy

La Pervivencia Maya es una muestra del legado de un pueblo que ha perdurado hasta la actualidad. Hermosas instantáneas que nos acercan a la Guatemala de ayer y de hoy.

Fotografías de Enrique Bauer.

 

Expuesta actualmente en:

New York, NY
LONG ISLAND UNIVERSITY
RESNICK GALLERY - LIBRARY LEARNING CENTER

1 University Plaza
Brooklyn NY 11201
(718) 488-1198

Del 6 de noviembre al 18 de diciembre, 2007
Lunes a viernes, de 9 am a 8 pm
Sábados y domingos, de 11 am a 5 pm
Entrada libre

 

Niño, chilacayotes, San Francisco El Alto, Totonicapan. Fotografía Enrique Bauer

Quetzalteca y niño, Quetzaltenango.

Fotografía Enrique Bauer

Niña, Chichicastenango, Quiché.Fotografía Enrique Bauer

Flores, Mercado, Tactíc, Alta Verapaz.Fotografía Enrique Bauer

Campo con hielo, hombre con leña, San Martín Chile Verde, Quetza.Fotografía Enrique Bauer


Cultura Maya

  

Entre todas las grandes civilizaciones de la antigüedad, la cultura de los mayas ocupa una de las más bellas páginas que han sido escritas por el hombre en el gran libro de la Historia universal. Una civilización que floreció hace más de quince siglos en pleno corazón del continente americano, y cuyas viejas ruinas permanecen hoy todavía en pie, envueltas entre las brumas del recuerdo y del olvido, pues, si bien gran parte de su legado ha podido ya ser descubierto y estudiado, muchos de sus monumentos subyacen aún enterrados bajo la maleza, durmiendo apaciblemente el sueño de la Historia.

         Siendo como fue una de las culturas más antiguas y longevas de toda América Precolombina, la civilización maya empezó a despuntar a comienzos de nuestra era y sus cimientos sirvieron de base fundamental para el desarrollo de otras culturas posteriores. Sin embargo, al hablar del mundo maya no nos estamos refiriendo a un gran imperio territorial, cuyas provincias dependían completamente de un poder centralizado, como pudo ser el egipcio o el romano; sino que, mucho más en consonancia con la diversidad geopolítica del mundo griego, en el caso de los mayas nos hallamos ante una sociedad pluricultural que, si bien compartían una misma cosmovisión religiosa, una misma mentalidad y un esquema de valores, tradiciones y costumbres básicamente homogéneo, a nivel sociopolítico, sin embargo, estaba integrada por una amplia diversidad de «ciudades-estado» que gozaban de plena autonomía, manteniendo cada una de ellas una total independencia política, económica y social, con  respecto a las demás.

Así pues, desde el punto de vista arqueológico: la «civilización de los mayas» conforma un rico mosaico de ciudades monumentales, algunos de cuyos nombres son bien conocidos, como es el caso de Tikal, Palenque o Chichen-itza.

Mujer vendedora, Panajachel, Lago de Atitlán, Sololá.

Fotografía Enrique Bauer

Aldea Chuimucubal, Zunil, Quetzaltenango, Fotografía Enrique Bauer

Hombre tallando adobe, Totonicapan.

Fotografía Enrique Bauer

Marimba de tecomates, Chichicastenango, Quiché, Fotografía Enrique Bauer

 

Marimba de tecomates, Chichicastenango, Quiché. Fotografía Enrique Bauer

Artesanía, Hotel Santo Tomas, Chichicastenango, Quiché. Fotografía Enrique Bauer

Guacamaya, Chichicastenango, Quiché.

Fotografía Enrique Bauer

Mercado, Panajachel, Lago de Atitlán, Sololá, Fotografía Enrique Bauer


El maíz, alimento sagrado.

 

Las grandes civilizaciones mesoamericanas no habrían podido pervivir sin su alimento fundamental: el maíz, auténtico eje de su agricultura y de su dieta. Los mayas consideraban que el maíz era una dádiva de los Dioses a los hombres, por ello cultivarlo era un deber sagrado. El hombre es el aliado del maíz, pues es un cultivo que depende totalmente de él para reproducirse. El hombre con sus ritos atrae la lluvia sobre el grano y le da vida al plantarlo, a cambio, el maíz lo alimenta. Lo relacionaban con el jade, por su color verde.

Según Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, después de varios intentos de los dioses con otros materiales, crearon a los hombres  a partir del maíz. De acuerdo a las leyendas, al principio era de color blanco, pero un rayo lanzado por un dios lo ahumó y por eso hay maíz negro, amarillo y rojo. El dios del maíz era Yum k’aax, se le representa como un hombre joven, de larga cabellera, como los filamentos de las mazorcas y con un espiga de maíz rodeada de hojas.

Maíz, Hotel Santo Tomas, Chichicastenango, Quiché. Fotografía Enrique Bauer

Elote, Aldea Canchacan, San Luís, Petén. Fotografía Enrique Bauer


Geografía Maya

 

América es una tierra rica y fecunda, en cuyo seno han florecido algunos de los más grandes pueblos y civilizaciones de la Historia. A primera vista, es cierto que las culturas del «mundo Precolombino» pueden parecernos un tanto exóticas e incomprensibles, pero no cabe duda que sus monumentales restos arqueológicos atraen poderosamente la atención, despertando en nosotros el deseo de conocer mejor a aquellos pueblos antiguos que fueron capaces de edificar unas colosales ciudades-santuario rebosantes de pirámides, templos y avenidas procesionales, en medio de las frondosas selvas tropicales, en las altas planicies de la Meseta Interandina o en la escarpada cumbre de abruptos picos montañosos.

Una voz intemporal que todavía se escucha cuando paseamos en silencio por estos parajes bajo la suave luz del atardecer, pues entonces… sus viejas piedras, tapizadas por un verde manto de exuberante belleza, exhalan un intenso perfume de grandeza y de nostalgia hacia unos Dioses antiguos, cuyos templos fueron levantados por amor a la Vida, a la Luz y al aliento Divino que ellos sentían latir en toda la Naturaleza. En la calma que precede al anochecer estrellado…la suave brisa del ocaso trae hasta nosotros un profundo aroma de eternidad... es la voz de los tiempos pretéritos que hechiza nuestros sentidos haciendo que nos sintamos irremisiblemente enamorados de la vieja Alma de América Precolombina.

 

Muelle, Volcán San Pedro, Lago de Atitlán, Sololá. Fotografía Enrique Bauer

Bosque lluvioso, Purulha, Alta Verapaz.

Fotografía Enrique Bauer

Mujer en muelle, Volcán San Pedro, Lago de Atitlán, Sololá.

Fotografía Enrique Bauer

San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango.

Fotografía Enrique Bauer

Volcán Santa María y Santiaguito, Quetzaltenango.

Fotografía Enrique Bauer

Volcán y Laguna Chikabal, San Martín Chile Verde, Quetzaltenango. Fotografía Enrique Bauer


Ritos y Ceremonias

 

Los pueblos precolombinos veneraban a una Divinidad suprema o Espíritu cósmico, que se hallaba inmanente en la totalidad del Universo y que se revelaba en la naturaleza a través de multitud de aspectos y hierofanías. «Hierofanía» significa la manifestación de «lo sagrado» en la naturaleza, y es que para ellos todo cuanto existe participa de una misma esencia divina: tanto los hombres, los animales, las plantas y las piedras; como las montañas los ríos, el rayo, la lluvia, el fuego o las estrellas..., todo ser está animado de una luminosa energía espiritual que se hallaba ya latente en los primeros hombres que poblaron la faz de la tierra y en los antepasados ilustres de su pueblo.

Desde esta cosmovisión, los «Dioses» no son más que los rayos o canales a través de los cuales se manifiesta «lo sagrado», es decir, la personificación de esta divina energía en sus múltiples aspectos. Es por eso que la religión, entendida como la unión del hombre con lo sagrado, abarcaba todas las facetas de su vida, tanto a nivel político, laboral o social, como en lo público y en lo particular. De esta forma, en base a un elaborado calendario anual de fiestas y ceremonias sagradas, el hombre antiguo se reintegraba cíclicamente una y otra vez por la «Ley del Eterno Retorno» a sus orígenes míticos, reencontrándose con sus ancestros y sus Dioses tutelares, es decir, con aquellos espíritus y fuerzas que «al principio del tiempo» habían hecho el mundo «tal como es», haciendo posible que ellos hoy pudieran existir. En efecto, para ellos el tiempo era un continuo proceso de renovación interior y de lucha contra las fuerzas de la no-existencia que someten a todo lo viviente a un perpetuo estado de desgaste y descomposición. Y así es como a través de sus ritos mágicos, ellos se esforzaban en mantener la unión y la armonía entre el mundo de los hombres, las fuerzas invisibles de la naturaleza y el mundo de los Dioses y los Espíritus.

La actual religión maya es el resultado de la fusión entre los antiguos cultos indígenas con los rituales cristianos que se asimilaron posteriormente.

Ceremonia, San Simón, Museo y Morería de máscaras, Chichicastenango. Fotografía Enrique Bauer

Ceremonia Maya, Volcán y Laguna Chikabal, San Martín Chile Verde. Fotografía Enrique Bauer

Velas encendidas, El Calvario, Chichicastenango, Quiché. Fotografía Enrique Bauer

Moro, Chichicastenango, Quiché. Fotografía Enrique Bauer

Moro, Mundo Perdido, Parque Nacional Tikal, Petén. Fotografía Enrique Bauer


Arquitectura

 

No podemos hablar del mundo precolombino sin detenernos a admirar la arquitectura de sus monumentales ciudades-santuario, que cual «imagen especular» del cielo en la tierra, han logrado despertar el interés de muchos investigadores en la nueva ciencia de la Arqueoastronomía. Y es que estos antiguos constructores supieron reflejar en muchos de sus templos y edificios sagrados determinadas constelaciones y fenómenos celestes.

Los textos grabados en jeroglífico maya sobre las piedras de sus monumentos, están escritos en un arcano lenguaje plagado de símbolos metafísicos, que tiene mucho en común con otras culturas y civilizaciones del mundo... son los restos una Sabiduría ancestral.

Lo cierto es que todavía falta mucho por investigar, pues no olvidemos que la mayor parte de estos yacimientos arqueológicos han sido estudiados a partir del siglo XX, por lo que posiblemente aún queden ciudades enteras por excavar e incluso por descubrir, sin contar con todos aquellos retazos pétreos de la historia precolombina a los que probablemente nunca tendremos acceso, pues, enterrados bajo la espesa vegetación duermen silenciosos el sueño del olvido.

Norte de Plaza Mayor, Parque Nacional Tikal, Petén.

Fotografía Enrique Bauer

Amanecer, Templo II, Parque Nacional Tikal, Petén. Fotografía Enrique Bauer

Gran Jaguar y Templo II, Tikal. Fotografía Enrique Bauer

Sitio arqueológico El Ceibal, Sayaxché, Petén. Fotografía Enrique Bauer

Sitio arqueológico Quiriguá, Los Amates, Izaba. Fotografía Enrique Bauer

Templo V, Parque Nacional Tikal, Petén. Fotografía Enrique Bauer

Templo I o Gran Jaguar, Parque Nacional Tikal, Petén. Fotografía Enrique Bauer

Sitio arqueológico Yaxhá, Petén. Fotografía Enrique Bauer


Artesanía y Huipiles

 

La artesanía del pueblo maya es una magnífica fuente de creatividad. Tanto en los materiales como en las formas y las técnicas se muestran el mestizaje cultural que se produjo entre el pueblo indígena maya y con los españoles que llegaron  hace quinientos años. Son los motivos empleados en toda esa artesanía la que le permite al pueblo maya actual mantener fuertes lazos con las tradiciones de sus antepasados. Es el caso de los Huipiles, prenda típica de las mujeres indígenas de Mesoamérica, que todavía hoy siguen usando.

Esta prenda era utilizada tanto por las mujeres del pueblo como por las nobles, ya que las sacerdotisas y las diosas utilizaban otro tipo de vestidos.

El tejido de los Huipiles está compuesto por varios lienzos de tela que se unen entre sí con bordados hechos a mano, ribetes o telas de un color distinto. Se confeccionan en un telar de cintura que, aunque muchos lo consideran un instrumento “primitivo”, es el único telar que permite una mayor cantidad de técnicas, además de que las mujeres lo consideran una continuación de las manos y del corazón de la artesana que lo maneja. El vestido, tiene forma rectangular con una abertura para la cabeza y, si va cerrado, dos aberturas para los brazos. Generalmente se confeccionan con lana o algodón, aunque en ocasiones también pueden realizarse en seda y con adornos de plumas.

Los motivos bordados o tejidos en los huipiles pueden ser geométricos, de animales y plantas o pueden representar figuras humanas, pero todos ellos tienen un simbolismo concreto. Son historias que representan el pasado y la identidad de cada grupo y en el que están representados sus Dioses. 

Artesanía, Hotel Santo Tomas, Chichicastenango, Quiché.

Fotografía Enrique Bauer

Artesanía, Chichicastenango, Quiché. Fotografía Enrique Bauer

Artesanía, Hotel Santo Tomas, Chichicastenango, Quiché.

 Fotografía Enrique Bauer


Esta exposición ha contado con el apoyo y colaboración de:
 

               

        

Exposición editada por:  Fundación Sophia - Embajada de Guatemala en España - Instituto Guatemalteco de Turismo
               

© Fundación Sophia. 2007. Una iniciativa del voluntariado cultural